La noche del Arenal nos dejó un espectáculo que, aunque dramático, terminó sin desgracias personales. El director del Club Náutico, Ferrán Muniesa, fue testigo directo de cómo el yate White Breeze, de 24 metros, se consumía en llamas. Con un aire de alivio, Ferrán relató lo sucedido apenas unos minutos después de que se iniciara el fuego.
«Alrededor de las dos de la madrugada nos avisaron del incendio en una embarcación», comentó Ferrán mientras observaba los restos humeantes del yate. Rápidamente, se activó el protocolo del club y los Bomberos de Mallorca llegaron al lugar para sofocar las llamas. La actuación fue rápida y eficaz; gracias a ello, el fuego no se extendió a otras embarcaciones cercanas.
Acciones rápidas para evitar una catástrofe mayor
“Lo más importante es que no hay que lamentar heridos”, enfatizó Ferrán con satisfacción. En una noche complicada por el viento, su equipo logró aislar la embarcación rápidamente. «Los bomberos hicieron un trabajo excepcional», añadió con gratitud.
A primera hora del día siguiente, cuando las llamas finalmente fueron apagadas, comenzó la ardua tarea de retirar los restos del yate para evitar problemas medioambientales. Los operarios usaron dos grandes grúas capaces de mover toneladas, rodeando la embarcación con cintas especiales. Era un proceso delicado; cada movimiento tenía que ser preciso debido a la fragilidad que había dejado el fuego.
Ciertamente, la situación era crítica, pero lo positivo es que todo quedó bajo control. El barco permanecerá dentro del Club Náutico antes de ser enviado al desguace. Aunque todavía no saben qué causó el incendio, Ferrán apuntó que normalmente estos incidentes están relacionados con temas eléctricos.
A pesar del susto y la magnitud del incidente, todos respiramos tranquilos sabiendo que no hubo heridos ni daños mayores a otras naves. Una lección más sobre la fragilidad de nuestras pasiones náuticas y la importancia de actuar rápido ante situaciones inesperadas.

