Sucesos

Ana Gallego, la mujer que lucha tras un incendio en Alcúdia: ‘Me han dejado tirada como a un perro’

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Ana Gallego vive en el bloque de apartamentos Venecia, en el Puerto de Alcúdia. Este complejo, que alberga 66 viviendas, se convirtió en noticia hace unos días cuando un incendio arrasó una primera planta. La mala suerte hizo que la casa de Ana, situada justo debajo del piso afectado, también sufriera daños. Desde entonces, pasó cinco días fuera de su hogar, esperando que fuera seguro regresar. Se siente completamente desamparada por el ayuntamiento y la Policía Local.

Una llamada inesperada y una vida interrumpida

El fuego estalló alrededor de las 13:15 horas por causas aún desconocidas; eso sí, los efectos fueron devastadores. A pesar de que los Bombers de Mallorca lograron sofocar las llamas en poco más de media hora, el humo negro había hecho estragos en varios pisos del edificio. “A mí me avisaron y me dijeron que se había encendido la casa de arriba y que quizás tenía daños”, recuerda Ana con voz entrecortada. En ese momento estaba en la península con su familia buscando un poco de paz.

Al enterarse del desastre, corrió a regresar a Mallorca. Su hija venía desde Alemania para apoyarla después de conocer lo ocurrido. Conocemos a Ana no solo por este incendio; también carga con un pasado doloroso: fue víctima de violencia de género por parte de su exmarido y es hermana de Laura Gallardo, asesinada hace años.

Cuando llegó a la isla decidió ir directamente a la comisaría local para buscar ayuda. Pero lo único que encontró fueron rechazos: “Me dijeron que me busque la vida”. Ante esta situación desesperante fue al Ayuntamiento donde finalmente logró algo más que palabras vacías: tras levantar un poco la voz durante un pleno municipal, consiguió que le brindaran apoyo temporal.

Ana entró al apartamento con agentes y comenzó a sacar lo esencial entre lágrimas; no era posible quedarse allí debido a la contaminación del aire por el humo. Además del miedo palpable por el fuego y sus recuerdos traumáticos, se sumaba ahora el agua filtrándose desde el techo hacia su salón y baño.

Toda su vida estaba ahí dentro: regalos comprados por valor cercano a 2.000 euros estaban mojados o dañados en su furgoneta mientras ella clamaba por ayuda al ver cómo sus pertenencias se desvanecían ante sus ojos.

No recibió comida ni alojamiento temporal durante esos días críticos; tampoco apoyo psicológico para lidiar con todo esto. Finalmente logró conseguir cinco noches en un hostal cercano tras insistir mucho sobre las necesidades urgentes tanto para ella como para una vecina cuyos niños no habían comido en tres días.

Ana ha tenido que recurrir incluso a medicación para controlar la ansiedad generada por esta situación caótica e injusta. Y aunque posee su vivienda, critica duramente al propietario del piso quemado: “No ha hecho nada durante 20 años”, asegura muy molesta.

Cree firmemente que este incendio era predecible debido al mal mantenimiento del edificio e intenta hacer eco sobre estas denuncias sin ser escuchada: “Siempre les he dicho lo mismo; son racistas conmigo porque mi exmarido es musulmán”, concluye Ana visiblemente afectada pero decidida a seguir luchando contra esta adversidad.

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