Corría el mes de julio de 1990, y en una sola noche, 25 ‘hooligans’ ingleses fueron detenidos en Punta Ballena. Un mando jubilado de la Guardia Civil rememora aquellos días y dice con sorna: «Lo que viene ahora a Magaluf son angelitos comparados con la gentuza que nos llegaba entonces. Los ‘hooligans’ eran peor que los vikingos». Así era la vida en Calvià hace 35 años, donde las calles ardían cuando los hinchas británicos, armados con unas copas de más, convertían los bares en un auténtico campo de batalla.
Una fiesta descontrolada
«Sólo en esa noche de julio detuvimos a 25 chicos que parecían poseídos», relata otro veterano de la Benemérita. Se lanzaron sillas y piedras por toda la calle al recibir un aviso de la policía. Las cargas policiales se prolongaron hasta el amanecer. ¿Y qué provocaba todo esto? La respuesta está clara: el alcohol barato. Mientras en su país pagaban una fortuna por beber, aquí podían empezar a tomar desde la mañana sin preocuparse por el precio.
Poco a poco, Magaluf se convirtió en un destino obsesivo para muchos aficionados al fútbol. Lo curioso es que esta tradición se pasaba como un legado familiar: «Hemos tenido ingleses muy violentos detenidos a finales de los 80 que regresaban años después con sus hijos para mostrarles aquel territorio del que tanto habían hablado», cuenta el antiguo dueño de un bar emblemático del lugar.
Aquellos jóvenes tenían peculiaridades curiosas; algunos pensaban que los mallorquines eran argentinos y recordaban con orgullo su victoria en la Guerra de las Malvinas. ¡Imagínate!
A medida que avanzaba la década de los 90, las detenciones se dispararon cada vez que jugaba Inglaterra, movilizando todos los retenes disponibles: «Parecía que nos preparábamos para la guerra», recuerda un agente destinado en Palmanova. Sin embargo, con el tiempo las cosas empezaron a cambiar; muchos ‘hooligans’ comprendieron que no era un juego y debían regresar para ser juzgados.
A pesar del miedo creciente entre ellos hacia las autoridades locales, más de mil jóvenes ultras fueron arrestados durante esa década oscura. Las peleas no solo dejaban secuelas entre ellos; también había turistas y miembros del cuerpo policial heridos.
Al final, esos años noventa quedaron grabados en nuestra memoria como algo irrepetible. En Punta Ballena se vivieron escenas tan intensas que parecían sacadas directamente de una película bélica”, concluye ese mismo agente mientras rememora esos tiempos convulsos.

