Era una noche cualquiera del 30 de noviembre de 2024, cuando Ronald Bulss, un alemán de 58 años, regresaba a casa tras una cena con compañeros de trabajo. Sin saberlo, su vida cambiaría para siempre. En la calle Manacor, se cruzó con dos adolescentes españoles de 17 años, José Luis S. y Agustín C., quienes estaban pasando el rato con un grupo.
Mientras charlaban, José Luis lanzó una frase inquietante: “¿Alguna vez habéis visto un KO?”. Agustín no dudó en agarrar a Ronald y el siguiente momento fue devastador; un puñetazo fulminante lo dejó aturdido contra una barandilla y luego al suelo. Ya en esa posición vulnerable, los jóvenes no se detuvieron y empezaron a propinarle patadas en la cabeza mientras él permanecía inconsciente.
La cruel realidad detrás del ataque
Cuando finalmente alguien se percató de la situación y llamó a emergencias, Ronald yacía en el suelo rodeado por un gran charco de sangre. Fue trasladado al hospital Son Espases donde sufrió un grave traumatismo encefálico que lo mantuvo en coma durante más de un año. Su estado era tan crítico que pasó tiempo en la unidad de cuidados intensivos antes de ser trasladado a neurocirugía.
En medio del dolor y la incertidumbre, sus agresores fueron detenidos el 27 de diciembre por la Policía Nacional y llevados a un centro para menores. Mientras tanto, las pertenencias robadas fueron recuperadas: su móvil encontrado dentro de una alcantarilla y su cartera apareciendo sin tarjetas crediticias frente al buzón del vecino.
Lamentablemente, Ronald falleció el 3 de enero tras más de un año luchando por su vida. Este acto brutal ha dejado cicatrices profundas no solo en su familia sino también en todos aquellos que han seguido esta desgarradora historia. La abogada de la familia pide justicia ahora más que nunca; busca ocho años internados para los culpables y cerca de un millón y medio como indemnización por el daño causado.
Familiares e amigos han creado incluso una página web para recaudar fondos que ayuden a cubrir los costos legales y médicos. Una campaña solidaria que demuestra cómo nadie debería estar solo ante tales adversidades. El mensaje es claro: “Ronald perdió su pelea hoy”, pero sus seres queridos continúan luchando por memoria y justicia.

