Era la madrugada del 4 de enero cuando las calles de Palma se convirtieron en escenario de una tensa persecución. La Policía Local, tras avistar a un coche que zigzagueaba como si estuviera esquivando fantasmas, decidió actuar. El conductor, un hombre español de 48 años, no solo había tomado el volante, sino que también había tomado unas copas de más después de tener una discusión. Al darle el alto, el tipo paró momentáneamente su vehículo para luego pisar a fondo el acelerador y salir disparado como si le persiguieran los demonios.
Un desenlace inesperado
La locura continuó cuando este individuo dejó su coche con el motor rugiendo en la calle Torrent y se lanzó a la carrera. Pero no se escapó por mucho tiempo; los agentes lo alcanzaron a pocos metros. Al ser confrontado, no tuvo más remedio que confesar que había estado bebiendo y había decidido huir.
En la prueba de etilometría salió a relucir lo que muchos ya suponían: ¡0,75 mg/l! Una cifra alarmante que triplica lo permitido. Ahora enfrenta serias consecuencias por sus actos y está citado para un juicio rápido mientras su vehículo es remolcado por la grúa municipal.

