En una sala del juzgado de lo Penal número 5 de Palma, el ambiente se tornó tenso. Una madre de 30 años, que había golpeado a su hijo de nueve con un cinturón, se sentó ante la justicia. Ayer, tras reconocer su culpa, aceptó una condena de 17 días de trabajos comunitarios. Este no es solo un caso más; es una historia que nos recuerda la urgencia de abordar el maltrato en nuestros hogares.
Un momento desafortunado
La discusión ocurrió alrededor de las 14:25 horas del 16 de junio. En su casa, la tensión creció y, en un arrebato, la madre propinó dos golpes en el brazo izquierdo del pequeño. El resultado fue evidente: cardenales que no necesitaron atención médica pero dejaron huella emocional. La fiscalía inicialmente pedía 80 días de trabajos comunitarios, pero tras negociar con la defensa, se llegó a esta pena más leve.
A pesar del dolor que causó su acto, el tribunal consideró la confesión como un atenuante clave. Sin embargo, esto no borra la gravedad del hecho: durante los próximos tres meses, ella no podrá acercarse a menos de 100 metros del niño ni comunicarse con él. ¿Cómo llegamos a normalizar situaciones así? Es hora de reflexionar y actuar.

