La escena se desarrollaba en el hospital Son Llàtzer de Palma, un lugar que debería ser sinónimo de cuidado y tranquilidad. Sin embargo, lo que ocurrió la noche del 1 de enero fue todo lo contrario. Una mujer, ya conocida por su comportamiento problemático, se plantó allí con una actitud desafiante y una amenaza en sus labios: «Os voy a cortar el cuello con esto», dijo mientras sostenía un objeto metálico. Este tipo de situaciones nos hacen reflexionar sobre cómo algunas personas parecen olvidar que la violencia no tiene cabida en un espacio destinado a la sanación.
Un día más de tensión
La Policía Nacional no tardó en intervenir y detuvo a esta paciente por un presunto delito de atentado contra el personal sanitario. Pero eso no fue todo; tan solo un día antes, otro hombre había sido arrestado en una clínica cercana tras agredir a una trabajadora del servicio de Urgencias. Se dice que este individuo, visiblemente alterado, zarandeó a la sanitaria mientras amenazaba a todos los presentes. Un auténtico espectáculo inaceptable que dejó atónitos tanto al personal como a los pacientes.
Parece increíble que en lugares donde buscamos ayuda y confort tengamos que enfrentarnos a situaciones así. La comunidad está al borde del hartazgo; es necesario poner fin a esta escalada de agresiones. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que unos pocos tiren por la borda el esfuerzo diario de tantos profesionales comprometidos con su trabajo?

