En la tranquila calle del Mar de Santa Eulària des Riu, la madrugada del lunes se tornó en un auténtico caos. La Guardia Civil recibió un aviso que resonaba con gritos desesperados provenientes de un piso ocupado. Al llegar al lugar, los agentes no se esperaban lo que iban a encontrar: un hombre blandiendo un trozo de marco de puerta, amenazando con él a quienes intentaban restablecer el orden.
La situación era alarmante. Con la adrenalina disparada, los guardias civiles se encontraron con dos okupas atemorizados que relataban una historia espeluznante. Según contaron, su compañero de vivienda había perdido el control y, armado con un cuchillo enorme, había intentado agredirles mientras dormían. ¡Imagina despertar así! Destrozando la puerta y creando un agujero por donde asomaba su furia descontrolada.
Una noche marcada por la violencia
El pánico no terminó ahí; cuando lograron desarmar al agresor, este les lanzó ácido y gritó que los quemaría vivos. Todo esto dejó a los otros dos okupas aturdidos y temerosos por sus vidas. La escena era dantesca: muebles rotos y el ambiente impregnado de temor.
Finalmente, tras asegurar el lugar y comprobar todos los destrozos causados, la Guardia Civil arrestó al individuo de 31 años, conocido ya por sus múltiples antecedentes penales. La violencia nunca debería ser una respuesta válida; sin embargo, aquí estamos presenciando cómo la convivencia puede convertirse en una pesadilla en cuestión de segundos.

