En la madrugada del 28 de diciembre, las luces de neón de la calle Manacor fueron testigos de una escena poco común pero tristemente familiar. Una mujer de 37 años, nacionalidad española, decidió que era buena idea subirse al volante tras haber estado bebiendo. Y claro, el resultado no se hizo esperar: acabó embistiéndose contra un taxi que, en ese momento, estaba parado y en regla.
Cuando los agentes de la Unidad Nocturna (UNOC) llegaron al lugar, lo que encontraron fue más que un simple accidente. La conductora mostraba claros signos de estar bajo los efectos del alcohol. Pero lejos de aceptar su culpa o colaborar con la policía, optó por desafiarles con una actitud desafiante y amenazante. Según el informe policial, llegó a decirles que conocía a “una jueza y a un fiscal”, como si eso fuera a salvarla del lío en el que se había metido.
El resultado del test
Y como si eso no fuera suficiente para llevarse una lección aprendida esa noche, cuando le hicieron las pruebas correspondientes para medir su nivel de alcohol en sangre, el resultado fue alarmante: 0,84 mg/l, ¡tres veces más del límite permitido! Es difícil no preguntarse qué pasaría si todos pensaran que sus conexiones podían sacarles impunes de cualquier situación. Al final del día, esto no es solo un problema personal; es un reflejo claro de lo que ocurre cuando algunos creen estar por encima de las normas.

