Sucesos

El propietario de un piso en el Molinar intentó prender fuego a su inquilino para que se fuera

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Imagina abrir la puerta de tu casa y encontrarte con el dueño de la vivienda armado con un bote de gasolina y una maza. Esto es exactamente lo que le ocurrió a un inquilino en el barrio del Molinar, donde la tensión se desató por un contrato de alquiler que había llegado a su fin. Este hombre, de 49 años y nacionalidad rusa, decidió tomar medidas extremas para recuperar su piso tras no poder convencer a su arrendatario senegalés, que llevaba tiempo pidiendo más plazo.

Un conflicto que terminó en caos

Todo comenzó cuando el inquilino, ya angustiado por las amenazas del propietario, había llamado a la policía tras ver cómo este lanzaba una piedra contra su puerta. Sin embargo, fue al día siguiente cuando la situación escaló peligrosamente. El ruso apareció nuevamente en la casa, esta vez con intenciones mucho más serias: rociar al inquilino y parte del hogar con gasolina mientras lo amenazaba con prenderle fuego.

Afortunadamente, gracias a la rápida intervención de la Unidad de Seguridad Integral (USEI) de la Policía Local, que atendió el llamado del asustado arrendatario, pudo evitarse una tragedia. La víctima logró desarmar al agresor y salir corriendo para pedir ayuda antes de que todo pudiera volar por los aires.

Cuando los agentes llegaron al lugar, se encontraron con daños evidentes en la entrada del piso y un interior impregnado de líquido inflamable. Tras realizar las pesquisas necesarias, lograron localizar al sospechoso descansando despreocupadamente en un banco cercano; allí fue reconocido sin problemas por el inquilino.

No solo se le acusa ahora de intento de homicidio y allanamiento de morada; también enfrenta cargos por incendios previos. Según sus propias palabras ante las autoridades, su reacción venía motivada porque creía firmemente que el inquilino debía haber desocupado el inmueble hace ya un mes. Una manera muy poco recomendable de ‘tomarse la justicia por su mano’, ¿verdad?

Este caso pone sobre la mesa lo complicado que puede llegar a ser el mundo del alquiler y las tensiones entre propietarios e inquilinos cuando las cosas no salen como esperaban.

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