Sucesos

La Vileta: un barrio cansado de robos y miedo

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Eduardo, un vecino de La Vileta, está pasando por uno de esos momentos que te hacen perder la fe en la seguridad del barrio. Hace unos días, su furgoneta, aparcada con la esperanza de estar a salvo en un garaje comunitario, fue asaltada. El ladrón se llevó material de fontanería valorado entre 7.000 y 10.000 euros. «Llevamos tiempo siendo víctimas de este tipo de delitos y sabemos que es gente del barrio», nos cuenta con el ceño fruncido.

Un problema que se repite

Ahora Eduardo está casi una semana sin poder trabajar y le quedan unos días más hasta que pueda volver a la normalidad. Él había alquilado su plaza para sentir un poco más de seguridad, pero lo único que ha encontrado es desesperación. «Decidí compartir las imágenes de los delincuentes en Facebook y muchos vecinos empezaron a comentar que ellos también habían sufrido robos», explica, visiblemente frustrado.

El material sustraído es esencial para su trabajo, así que ahora se mueve con el coche de su mujer mientras hace presupuestos para seguir adelante. Pero no solo es el daño económico; cada día sin trabajar le pesa como una losa. «Estos días estoy contando las horas para volver a la obra», dice con desánimo.

No es la primera vez que Eduardo siente el zumbido del robo cerca; hace un año le robaron la bici y ya en octubre escuchó cómo intentaban acceder a su furgoneta. «Aquel día estaba despierto y bajé corriendo, pero les dio tiempo a escapar», recuerda mientras mira al suelo, aún con rabia.

Conocedor del modus operandi de estos ladrones, asegura que saben lo que hacen: «Fuerzan la puerta principal y ponen un freno». Su experiencia le ha enseñado lo vulnerables que somos todos ante este tipo de situaciones.

Aparte del dolor económico, hay otra herida: el desamparo ante unas leyes que considera ineficaces. «Las leyes son una porquería», afirma con rotundidad. «La Policía hace su trabajo, pero ¿de qué sirve si luego estos tipos campan a sus anchas cuando los detienen?» Su mirada refleja lo difícil que es vivir así: mirando cada esquina con desconfianza.

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