En una decisión que ha dejado a muchos con la boca abierta, el Tribunal Superior de Justicia de les Illes Balears (TSJIB) ha confirmado la absolución del padre del gestor del hotel ocupado en Cala Bona. Miquel Deyà Ripoll, quien se encontraba bajo sospecha de haber estafado nada menos que medio millón de euros a otro empresario por no saldar las cuentas de los suministros, salió limpio tras el juicio celebrado en enero en Palma.
Mientras tanto, la Fiscalía y la acusación particular clamaban por una condena contundente: ¡seis años entre rejas! Pero claro, todo se desmoronó cuando el denunciante, ya mayor y con problemas de memoria, decidió no declarar. Una jugada que complica aún más el panorama. El TSJIB reconoció que aunque los argumentos del acusado “podrían parecer poco convincentes”, la falta de una prueba sólida sobre un engaño real lo salvó.
¿Y qué hay de las relaciones personales?
Según el tribunal, entre 1998 y 2014 hubo más que solo negocios: nació una amistad entre las partes. El procesado pagaba sus facturas con pagarés hasta que llegó 2010 y comenzaron las renegociaciones. ¿Pactos privados? Sí, algunos documentados, otros no tanto; pero al final del día se trataba de acuerdos mutuos. La situación económica del acusado tampoco era un secreto para nadie; había asumido riesgos conscientes.
Aunque existía una deuda reconocida hacia el denunciante al cerrar su relación comercial, esa cifra no coincide con lo que se reclamaba judicialmente. Así es como se pone en tela de juicio toda esta historia llena de giros inesperados.