La historia que hoy compartimos es de esas que nos sacuden. Un hombre, español de Manacor, ha sido detenido por intentar prender fuego a la casa de un policía local, con él y su familia dentro. Esta acción no fue un hecho aislado; llevaba meses amenazando al agente. En una de esas llamadas telefónicas llenas de rabia, le dijo: “Eres un desgraciado, muérete, procura dejar el testamento hecho, te llegará pronto la hora”. Terribles palabras que nos hacen reflexionar sobre lo frágil que puede ser la línea entre el odio y la locura.
Un rencor que no se apaga
El detenido, ya tras las rejas menos de un mes después del intento fallido de incendio, había llamado hasta doce veces al policía en solo ocho días. Frases como “Una vez fallo, dos no” o “ve arreglando papeles”, resonaban en el teléfono del agente como ecos inquietantes. ¿Qué había llevado a este hombre a tal extremo? Según sus propias palabras en un bar, todo comenzó hace ocho años durante una intervención policial donde el agente le pegó y desde entonces estaba “traumatizado”. Sin embargo, más allá del dolor personal hay algo más profundo: una espiral de violencia que parece no tener fin.
La Policía Nacional tuvo conocimiento del caso en enero gracias a una denuncia del propio policía. A partir de ahí se puso en marcha la Operación FUM para esclarecer los hechos que casi acaban en tragedia. Se confirmó que intentaron quemar su casa mientras dormía junto a su familia utilizando acelerantes. Los agentes realizaron inspecciones oculares y encontraron pruebas alarmantes.
A medida que avanzaba la investigación aparecieron más detalles escalofriantes: llamadas anónimas llenas de amenazas y solicitudes absurdas para patrullas en situaciones ficticias hacia la centralita policial. Este comportamiento revelaba una obsesión peligrosa y una animadversión manifiesta hacia el funcionario involucrado.
Finalmente, este miércoles por la mañana fue arrestado y ayer pasó ante la jueza en funciones quien decretó su ingreso provisional sin fianza. Con cada detalle que emerge sobre esta historia se vuelve evidente cómo viejos rencores pueden transformarse en acciones desmedidas y peligrosas.