En el corazón de Palma, en la residencia Sant Miquel, se ha desatado una controversia que nos deja helados. Un auxiliar de enfermería se encuentra bajo la lupa de un juzgado tras agredir a un anciano de 81 años en julio del año pasado. Este hecho, que parece sacado de una película de terror, ocurrió cuando el trabajador empujó repetidamente a la víctima hasta que cayó al suelo. Y lo más inquietante es que todo fue grabado por las cámaras de seguridad y presenciado por dos compañeras.
Un momento desgarrador
El director del centro no dudó en dar parte a la Policía Nacional después de ser informado sobre esta brutalidad. En su declaración, el sospechoso, defendido por el abogado Álvaro Martín Olmos, trató de justificarse diciendo que el anciano estaba muy alterado porque no le dejaron fumar, algo que según él era habitual con otros trabajadores. Pero, ¿es esa realmente una justificación para empujar a alguien y tirarlo al suelo?
Los hechos ocurrieron el 8 de julio. Fuentes judiciales han revelado detalles escalofriantes: el auxiliar tomó al interno con desprecio tras haber tenido un accidente en su pañal. Con frases despectivas como «no eres un niño pequeñín», provocó una reacción airada del anciano, quien soltó un desafortunado «me cago en Déu». Fue entonces cuando comenzó un forcejeo absurdo entre ellos en medio del pasillo; unas imágenes que deberían hacer reflexionar a todos sobre el trato hacia nuestros mayores.
Después del incidente, ni siquiera se avisó al personal médico sobre lo sucedido. Dos días más tarde, las testigos decidieron romper el silencio y contarle a una coordinadora lo que habían presenciado. El director actuó rápidamente; tras informar al IMAS sobre este abuso escandaloso, se dirigió a la Jefatura Provincial para denunciarlo oficialmente.
La Unidad Familia y Mujer (UFAM) tomó cartas en el asunto y terminó arrestando al auxiliar por malos tratos familiares. Este hombre español de 49 años decidió acogerse a su derecho a no declarar ante la policía. Un acto cobarde que deja mucho que desear.