En la tranquila residencia Sant Miquel de Palma, donde los ancianos deberían encontrar cuidados y tranquilidad, se ha desatado una sombra inquietante. Un auxiliar de enfermería está bajo la lupa de un juzgado tras agredir a un hombre de 81 años en julio del año pasado. Los hechos, grabados por cámaras de seguridad y presenciados por dos compañeras, revelan una situación desgarradora: el trabajador empujó al anciano varias veces hasta que este cayó al suelo.
Un mal día que se tornó violento
Todo ocurrió el 8 de julio. Según cuentan las fuentes judiciales, el auxiliar se mostró muy brusco con el interno, quien había tenido un accidente con su pañal. Le dijo despectivamente que «no era un niño pequeñín», lo que provocó la ira del anciano que soltó un «me cago en Déu». En ese instante, comenzó un forcejeo en medio del pasillo de la quinta planta; tras varios empujones, el octogenario acabó en el suelo.
Lo más alarmante es que el agresor no avisó a sus compañeros de lo sucedido. No fue hasta dos días después cuando las testigos decidieron hablar con una coordinadora sobre lo ocurrido. El director del centro, consciente del escándalo, llevó la denuncia a la Jefatura Provincial de Policía Nacional. Así comenzó una investigación por parte de la Unidad Familia y Mujer (UFAM), resultando en el arresto del sospechoso por malos tratos en el ámbito familiar.
El acusado, español y con 49 años a cuestas, decidió no declarar ante las autoridades. Mientras tanto, seguimos preguntándonos: ¿qué tipo de atención reciben nuestros mayores? La indignación crece entre nosotros mientras las historias como estas nos recuerdan lo frágil que puede ser esa etapa tan vulnerable.