Era una noche como cualquier otra, un 26 de marzo de 1982. La oscuridad envolvía el Coll den Rabassa y dos jóvenes amigos, Juan y Antonio, disfrutaban de su tiempo en un bar llamado «Los tres hermanos cordobeses». Apenas habían pasado unos días desde que se convirtieron en asiduos del lugar, donde tomaban copas y jugaban a las cartas. Pero esa noche, la diversión dio paso a una disputa acalorada que cambiaría sus vidas para siempre.
Un momento fatídico
Sobre las once de la noche, cuando la mayoría seguía sin notar nada raro, Juan y Antonio salieron del bar a la calle desierta. Sin previo aviso, comenzaron a discutir. Nadie sabe bien cómo ocurrió todo, pero lo cierto es que pocos minutos después, Antonio se desplomó con una puñalada mortal en el corazón. El arma: una navaja automática que era legal en aquel entonces pero que pronto sería prohibida.
La reacción de Juan fue desesperada; al ver a su amigo herido, comenzó a llamar puerta por puerta pidiendo ayuda. Pero el silencio fue su única respuesta. Finalmente, hizo lo impensable: paró un coche y obligó a dos mujeres a bajar para llevarse a Antonio al hospital Son Dureta. Mientras tanto, la policía llegaba al lugar alertada por los vecinos que escucharon gritos.
Desgraciadamente, no había nada que hacer. En el hospital certificaron la muerte de Antonio Torres Alarcón y Juan fue detenido por homicidio involuntario. Los testigos coincidían: ambos eran buenos amigos y no había rencores entre ellos. Todo había sido fruto de un arrebato sin sentido que terminó convirtiéndose en una tragedia devastadora.