Era un viernes cualquiera de marzo de 1982 cuando la tranquilidad del Coll den Rabassa se rompió de manera brutal. Dos jóvenes, Juan y Antonio, salieron de un bar donde solían reunir fuerzas para hacer frente a la vida. Pero esa noche, algo cambió. La tensión entre ellos creció hasta desbordarse en una discusión acalorada justo en la acera.
Poco después, Antonio Torres Alarcón, con solo 18 años, cayó al suelo herido de muerte por una puñalada en el corazón. ¿Qué llevó a que dos amigos pasaran de compartir risas a convertirse en protagonistas de una tragedia? Juan Martín F.C., su compañero de 22 años, buscó ayuda desesperadamente mientras el pánico lo envolvía.
Una noche que nunca debió ser
La escena era dantesca. Según los testigos, no hubo señales previas que indicaran que todo acabaría así. Nadie en el bar «Los tres hermanos cordobeses» había notado nada extraño; quizás fueron las copas o simplemente la oscuridad que cubría las calles desiertas. Sin embargo, la realidad es que lo habitual se tornó en horror.
Juan intentó hacer lo imposible por salvar a su amigo. Golpeó puertas sin cesar para encontrar alguien que llamara a la Cruz Roja y cuando ya no tuvo más opción, paró un coche a la fuerza para llevarlo al hospital Son Dureta. Por desgracia, el destino tenía otros planes y los médicos certificaron la muerte de Antonio antes incluso de llegar.
Las consecuencias fueron devastadoras: Juan fue detenido por homicidio involuntario mientras su mundo se derrumbaba ante sus ojos. Todos coincidieron en señalar que era impensable que esa pelea trivial pudiera llevarlos a este desenlace tan trágico; eran amigos sin problemas aparentes.
Al final del día, nos encontramos ante un recordatorio sombrío de cómo una chispa puede encender una llama destructiva si no se controla. Una simple discusión entre amigos transformada en un doloroso recuerdo colectivo; una lección dura e inevitable sobre lo frágil que es la vida.