La serenidad de Puigpunyent, un rincón donde la vida transcurre tranquila, se ha visto brutalmente interrumpida esta mañana. La noticia ha caído como un jarro de agua fría: un anciano de 82 años ha acabado con la vida de su esposa, de 79, y luego intentó hacer lo mismo con la suya. Los más de 2.000 habitantes del lugar están en estado de shock, incapaces de procesar lo sucedido.
«Esto es un pueblo muy tranquilo y es una pena tener que salir en las noticias por estas cosas», comentaba Ana, una vecina que lleva toda la vida aquí. Se le nota el dolor en la voz mientras recuerda cómo la pareja no hacía mucho para integrarse. «Diría que llegaron hace unos nueve o diez años. Tenían dos perros grandes y poco más; él paseaba con ellos por las calles sin conectar realmente con nadie», explicaba un hombre mientras saboreaba un café en el bar Es Pont.
El eco del horror resuena entre nosotros
A medida que las sirenas rompían el silencio matutino, otra residente, cargada con bolsas y una barra de pan recién horneada, no podía evitar las lágrimas. «Tienen una hija que es maestra; una de sus hijas es amiga de mi niña. Me acaba de escribir para contarme lo que había pasado y aún estoy impactada», decía con voz entrecortada. En estos momentos, todos sentimos cómo el aire se vuelve denso y pesado.
Parece increíble pensar que algo así haya podido suceder aquí, donde nunca pasa nada. Pero hoy, esa tranquilidad se ha visto empañada por una tragedia inimaginable.