La madrugada del domingo 9 de octubre fue testigo de un suceso que, a pesar de lo inesperado, nos recuerda la responsabilidad que implica estar al volante. En la calle Saridakis, en Cala Major, un conductor novel español de apenas 20 años decidió tomar el control de su coche tras haber estado bebiendo. La escena fue impactante: el vehículo quedó destrozado contra la fachada de una vivienda.
Todo comenzó cuando el 092 recibió una alerta sobre un coche que había embestido unas barreras protectoras y luego se estrelló contra la pared de una casa. Al llegar al lugar, los agentes no podían creer lo que veían: el joven, que aún portaba la L como símbolo de su inexperiencia, había perdido completamente el control. ¿La razón? Circulaba a una velocidad inadecuada para las condiciones del asfalto, que estaba mojado. Sin embargo, lo más alarmante fue descubrir que triplicaba la tasa máxima permitida de alcohol para conductores noveles.
Las consecuencias son serias
La prueba de alcoholemia arrojó un preocupante resultado positivo: ¡0,49! Muy por encima del límite legal establecido en 0,15 mg/l para quienes apenas están empezando en esta aventura llamada conducir. A raíz de este irresponsable acto, la Unidad de Vigilancia y Atención Ciudadana (UVAC) ha abierto una investigación por un posible delito contra la seguridad vial. Esto podría costarle hasta seis meses tras las rejas y un buen puñado de años sin poder tocar el volante.
Es frustrante ver cómo algunos tiran a la basura no solo sus vidas sino también las vidas ajenas por decisiones tan temerarias. Este incidente nos invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad al conducir; porque cada vez que tomamos el volante, llevamos consigo algo más valioso que cualquier carro: nuestra vida y la de los demás.