En una revelación que sacude los cimientos de la sociedad, José Bretón, el hombre condenado a 40 años por el asesinato de sus hijos Ruth y José en Córdoba en octubre de 2011, ha decidido hablar. Lo hace a través de su libro ‘El odio’, escrito junto al autor Luisgé Martín, que verá la luz el próximo 26 de marzo. En sus páginas, este individuo narra con una frialdad aterradora cómo acabó con la vida de sus pequeños.
Una confesión inquietante
Aunque ya había admitido su culpabilidad en 2017 durante una terapia penitenciaria, esta vez lo hace públicamente. ¿Y qué nos cuenta? Que cuando apagó las vidas de sus hijos no hubo ningún tipo de sufrimiento. «Antes de poner los cuerpos en el fuego comprobé que no respiraban», dice con esa tranquilidad que eriza la piel. Según él, los niños confiaron en él y no tuvieron miedo. Esta afirmación nos deja preguntándonos cómo puede alguien hablar así.
El crimen se produce justo después de que su mujer le comunicara su deseo de divorciarse. A pesar del horror cometido, Bretón aún se defiende diciendo: «Cuando Ruth me abandonó entré en cólera». Se presenta como víctima del abandono, aunque muchos creen que actuó por venganza. Él mismo confiesa que necesitaba acabar con la incertidumbre respecto a sus hijos y su situación familiar.
Las cartas intercambiadas entre Bretón y Martín desnudan una mente perturbada. Asegura haber preparado todo meticulosamente para asegurar un final indoloro para los pequeños: «Sin cadáveres no hay crimen», reflexiona como si hablara sobre un juego macabro. Y aunque intenta disfrazar su plan como algo improvisado, queda claro que tuvo todo bajo control desde el principio.
Este caso es un recordatorio doloroso del impacto devastador de la violencia vicaria y cómo las decisiones irresponsables pueden llevar a tragedias inimaginables. La historia detrás del rostro conocido como ‘El monstruo de Las Quemadillas’ es más que un relato criminal; es un eco del sufrimiento innecesario infligido a inocentes y una llamada urgente a la reflexión colectiva.