Era una noche tranquila en Pozzuoli, Nápoles, y Elena Soto, una mallorquina de vacaciones con su prima Ana Ramírez, disfrutaba de un merecido descanso en el hotel American. De repente, la calma se rompió. Un terremoto de 4,4 grados sacudió la ciudad, y la vibración fue inconfundible. «Nos hemos asustado, nos temblaban las piernas», recuerda Elena al otro lado del teléfono este jueves.
A la 1:30 de la madrugada, los gritos resonaron por el pasillo del hotel. Todos los huéspedes salieron despavoridos y se reunieron fuera, esperando ansiosos durante más de una hora para asegurarse de que no habría más sorpresas desagradables. «La sensación es como si estuvieras durmiendo en una cama y alguien te empuja desde lejos», explica mientras intenta calmar sus nervios.
Una ciudad resiliente ante el caos
Los bomberos y la policía ya estaban trabajando en la zona, revisando edificios y calles afectadas por el sismo. A pesar del susto inicial, Elena notó que la vida seguía su curso habitual en Nápoles. Sin embargo, no todo fue normalidad; había noticias preocupantes sobre rescates entre escombros. Una mujer había quedado atrapada bajo un falso techo derrumbado y tuvo que ser auxiliada por los servicios de emergencia.
Ana también compartió su experiencia: «De repente sentí que me caía de la cama; pensé que era un sueño hasta que abrí los ojos y vi que estaba al borde». Pero lo curioso es cómo los napolitanos afrontan situaciones así: «Son valientes; no les asusta nada», asegura Ana con admiración.
El alcalde Gaetano Manfredi ha alertado sobre posibles réplicas en las próximas horas o días, ya que este terremoto forma parte de un enjambre sísmico que ha estado acechando a la región sin dejar huella visible hasta ahora. La población está inquieta; es uno de los movimientos sísmicos más significativos en cuatro décadas.
Mientras tanto, Italia observa con preocupación cómo avanza esta situación. La primera ministra Giorgia Meloni ha declarado a través de redes sociales su compromiso continuo con el seguimiento del desarrollo del problema junto a Protección Civil. En medio del caos, hay algo claro: Nápoles sigue siendo fuerte ante cualquier adversidad.