En un día cualquiera, dos espeleólogos se aventuraron a explorar las profundidades de una cueva en Santanyí y, para su sorpresa, tropezaron con un fragmento del pasado: una granada de mortero de la Guerra Civil española. Este hallazgo tuvo lugar el pasado 10 de febrero y no tardó en hacer eco entre los cuerpos especializados que rápidamente se pusieron manos a la obra.
Una historia que resuena
Cuando estos intrépidos exploradores encontraron el proyectil a más de 30 metros de la entrada, sabían que debían actuar con cautela. No era cualquier objeto; era un vestigio bélico que podía ser potencialmente peligroso. Así que, sin pensarlo dos veces, dieron aviso a la Guardia Civil, quienes enviaron a su equipo especializado.
Los agentes del Grupo Especial de Desactivación de Explosivos (GEDEX-NRQB) y miembros del GREIM llegaron al lugar para hacerse cargo. Con determinación, comprobaron que se trataba nada menos que de dos granadas mortero Lafitte modelo 1926. Sí, esas que dejaron huella durante uno de los períodos más oscuros de nuestra historia.
Para llegar hasta ellas, los expertos tuvieron que descender por una pared vertical impresionante. Una vez allí, utilizaron espuma inhibidora para asegurar las espoletas antes de realizar cualquier maniobra peligrosa. Y así fue como estos artefactos históricos fueron finalmente llevados a un lugar seguro donde podrían ser destruidos sin riesgos para nadie.
A veces nos olvidamos del peso del pasado en nuestro presente, pero situaciones como esta nos recuerdan lo importante que es tratar con respeto lo que ha sido parte de nuestra historia colectiva.