Las luces neón del cartel de Las Vegas iluminan la entrada de Son Banya, un lugar que se ha convertido en el supermercado del crimen en Palma. Pero esta vez, el Ajuntament ha decidido que ya es suficiente. Las imponentes obras ilegales que han surgido en este poblado, dirigidas por nuevos jefes del narcotráfico, están a punto de ser derribadas. Y no lo harán solos; la Policía Local y Nacional estarán al lado para proteger a los operarios durante la demolición.
La historia detrás de la construcción ilegal
Desde enero, los investigadores notaron movimientos sospechosos: barricadas retiradas y zonas limpias como si estuvieran preparando un gran espectáculo. Y vaya si lo hicieron. En febrero aparecieron una pista de 90 metros y una rotonda adornada con un barco pintado con los colores patrios, justo donde antes había solo ruinas. Ahora, el negocio de la droga tiene su propia carretera.
A medida que avanzaban las semanas, también se registraron camiones entrando al gueto bajo la luz de la luna para realizar trabajos nocturnos. Todo pagado al margen de la ley y utilizando materiales de dudosa calidad. El verdadero dilema radica en quién será responsabilizado por estas construcciones clandestinas: el terreno pertenece a Ibavi, no al Ayuntamiento, así que multar a los delincuentes puede ser un laberinto sin salida.
Las autoridades son claras: siempre han actuado ante infracciones administrativas en Son Banya y esta no será la excepción. Con frases contundentes nos recuerdan que “no hay impunidad”, reafirmando su compromiso con poner fin a las obras ilegales en el poblado. Así que prepárense, porque esas estructuras levantadas entre sombras pronto desaparecerán.
Son Banya ya no es aquel gueto sombrío del pasado; ahora está dominado por ocho clanes narcos que controlan un mercado floreciente bajo luces LED y banderas llamativas. Un cambio radical, pero ¿será suficiente para frenar la espiral delictiva?