Era un día como cualquier otro para Darwin Pérez, quien celebraba su cumpleaños en un paintball de Lloseta. Pero lo que comenzó como una fiesta entre amigos, rápidamente se convirtió en una auténtica pesadilla. Mientras se divertía, recibió un disparo en el ojo izquierdo. Lo que parecía ser un simple accidente le llevó a estar «más muerto que vivo» durante más de 20 días en coma inducido.
Todo ocurrió el 6 de noviembre de 2024. A tan solo una hora de comenzar la partida, una bola impactó directamente en su ojo. A pesar de la rápida intervención del personal del establecimiento con un trozo de papel mojado para frenar la sangre, la situación se complicó cuando llegó al hospital y le operaron, cortándole cuatro capas del ojo y añadiendo silicona. Sin embargo, la visión no volvió; había perdido completamente la vista.
La pesadilla continuó
Poco después de recibir el alta, mientras regresaba a casa, Darwin empezó a sentir que le faltaba el aire. «No me sentía bien», recuerda con voz temblorosa. Su esposa se preocupó y decidieron ir al PAC de Escola Graduada. Al entrar allí, sufrió un paro cardíaco inesperado.
«Fue entonces cuando todo se tornó oscuro», confiesa. Pasó más de 20 días en coma inducido debido a que sus pulmones estaban llenos de líquido. Ahora, cuatro meses después, aún está lidiando con las secuelas; tiene una embolia en el pulmón derecho y sigue bajo tratamiento médico.
No contento con lo ocurrido, ha decidido dar un paso adelante y denunciar a la empresa de paintball: «He puesto una demanda porque no han mostrado preocupación por mi estado». Es consciente de que será un proceso largo y complicado porque necesita esperar un informe sobre las secuelas permanentes que puede enfrentar.
El eco de su historia resuena entre quienes lo conocen y muchos cuestionan cómo pudo suceder algo así en un lugar donde se supone que deberían garantizar la seguridad. Las opiniones son diversas: algunos critican al establecimiento mientras otros apuntan hacia Darwin por jugar sin protección adecuada.