En el tranquilo Port de Pollença, la violencia ha hecho acto de presencia de manera inesperada. Todo sucedió un sábado cualquiera, cuando un hombre decidió intervenir en una disputa que estaba teniendo lugar entre un camarero y otro varón que no parecía tener buenas intenciones. ¿El resultado? Una agresión brutal con una tapa de alcantarilla como arma.
La Guardia Civil, siempre alerta, recibió la llamada de alarma. Los agentes se presentaron rápidamente, junto a la Policía Local, para poner fin a la escena caótica que se había desatado en el paseo marítimo. Lo que encontraron fue impactante: un hombre gravemente herido con su mano cubierta de sangre. “Estaba paseando con mi familia cuando vi al tipo agrediendo al camarero”, relató posteriormente la víctima a los guardias. Al intentar ayudar, él mismo se convirtió en blanco del ataque.
Un acto desesperado y peligroso
El agresor, cegado por la rabia, arrancó una tapa de alcantarilla del suelo y se lanzó hacia ellos. La víctima intentó proteger a su hijo levantando su mano, pero solo logró recibir el golpe directo. No cabe duda de que las decisiones impulsivas pueden llevar a consecuencias devastadoras.
Poco después de este desafortunado incidente, y tras recabar testimonios de testigos presentes en el lugar, la Guardia Civil detuvo al responsable bajo la acusación de lesiones graves. Mientras tanto, nuestra víctima tuvo que ser trasladada al hospital de Inca para tratar sus heridas severas.
No podemos quedarnos callados ante estos hechos; es fundamental reflexionar sobre cómo pequeñas disputas pueden escalar hasta convertir nuestras calles en escenarios peligrosos. Hay que cuidarnos unos a otros y evitar caer en provocaciones que nos lleven a tirar por la borda lo más valioso: nuestra seguridad y bienestar.