Álvaro Sánchez y Lucía Hitos, dos jóvenes mallorquines que se encuentran disfrutando de su Erasmus en la remota Isla Reunión, están viviendo una experiencia que jamás hubieran imaginado. Esta semana, el archipiélago ha sido golpeado por uno de los temporales más intensos de los últimos años. «El martes estábamos relajados en la playa cuando nuestro móvil sonó con un aviso alarmante: ¡el ciclón Garance se acercaba!»
Preparativos bajo presión
A la mañana siguiente, entre risas nerviosas y un poco de incredulidad, decidieron ir a clase como si nada pasara. Sin embargo, a mitad de jornada los profesores les advirtieron que era mejor regresar a casa y abastecerse antes del desastre inminente. «En ese momento nos dimos cuenta de que esto iba en serio», comentan con cierto temor.
Los supermercados parecían un campo de batalla: estanterías vacías y gente corriendo para llenar sus carros. «No había agua embotellada por ninguna parte; tuvimos que recorrer varias tiendas para encontrar algo», cuentan. La tensión aumentaba a medida que el ciclón se acercaba cada vez más.
Las autoridades no tardaron en reaccionar. El jueves a las 19:00 horas activaron la alerta roja y prohibieron salir a la calle. «Es la segunda vez en la historia que ocurre algo así; la primera fue el año pasado», aseguran Álvaro y Lucía, quienes llegaron a este paraíso hace apenas unos meses.
Cuando finalmente el ciclón tocó tierra, lo hizo con una fuerza descomunal. «Garance ha inundado todo por completo; estuvimos sin luz durante horas y hasta arrancó palmeras del suelo». Pero hay algo que han aprendido en esta adversidad: el Gobierno local ha actuado con rapidez y eficacia ante esta crisis natural. «Lo han hecho muy bien, supieron prever lo que venía», concluyen esperanzados mientras esperan que el temporal afloje pronto y puedan retomar su vida normal.