En el corazón de Palma, una historia escalofriante ha salido a la luz. Un empresario marroquí de 41 años ha sido detenido por explotar laboralmente a un trabajador que, durante más de un año, se vio obligado a trabajar sin contrato y sin ningún tipo de protección social. ¡72 horas a la semana! Y todo por un salario que apenas oscilaba entre los 600 y 900 euros al mes.
Una lucha diaria en silencio
Este hombre, cuya vida se convirtió en una auténtica pesadilla laboral, llegó incluso a cortarse una mano mientras realizaba sus tareas. Cuando ocurrió el accidente, lo único que recibió como respuesta del empresario fue un consejo inquietante: ir al centro de salud pero no mencionar que se había lastimado trabajando. ¿Qué clase de entorno es este? Aquí no hay vacaciones ni finiquito, solo jornadas interminables.
La Policía Nacional empezó la investigación tras recibir información sobre un ciudadano extranjero trabajando en condiciones irregulares. Desde finales de enero, la Unidad contra Redes de Inmigración y Falsedades Documentales (UCRIF) comenzó a destapar esta oscura realidad. Al inspeccionar el negocio del detenido, confirmaron que el trabajador carecía completamente de derechos laborales.
El arresto del empresario no solo refleja una violación flagrante de los derechos humanos, sino también cómo ciertos sectores pueden convertirse en verdaderos monocultivos turísticos, donde las personas son tratadas como mera mano de obra desechable. Esta situación nos invita a reflexionar sobre la necesidad urgente de proteger a quienes sostienen con su esfuerzo nuestra economía local.