Este lunes, a primera hora de la mañana, Dennis Viehof se presentó en los juzgados de Manacor. El hombre, un alemán de 35 años que ha sido señalado como responsable de la muerte del joven Guillem Comamala, llegó en un lujoso Audi Q3, flanqueado por dos acompañantes. Un panorama que ya anticipaba que este no sería un día cualquiera para él.
Un accidente desgarrador
La historia comenzó la noche del 23 de agosto, cuando el yate familiar de Dennis, La Luna, surcaba las aguas de Cala Bona. Con casi 20 metros de eslora y una bandera alemana ondeando al viento, navegaba a gran velocidad con un grupo de amigos. En ese mismo instante, Guillem, de solo 20 años, pescaba junto a su tío y primo en un pequeño bote. La tragedia se desató cuando el potente yate arrolló el bote donde estaba Guillem.
Las hélices fueron fatales y Guillem perdió la vida al instante. “El yate iba a toda velocidad; nosotros gritamos como locos”, recordaba su tío entre lágrimas al día siguiente del suceso. Una imagen que cala hondo: el grito desesperado frente a lo inevitable.
Los investigadores han apuntado directamente a Dennis por homicidio imprudente y omisión del deber de socorro. Tras entregarse en la Comandancia de la Guardia Civil en Palma, optó por no declarar ante los investigadores. Al parecer, había demasiadas preguntas flotando en el aire sobre cómo pudo suceder algo tan devastador en una zona donde abundaban barcos pesqueros.
A medida que avanza esta dolorosa historia, queda claro que hay mucho más detrás del lujo superficial: vidas humanas destrozadas por decisiones irresponsables bajo el peso del monocultivo turístico.