La sala estaba tensa esta mañana en Palma. El caso de Ali Khouch, un hombre que ha dejado una huella de dolor irreparable, sigue dando que hablar. Este individuo, condenado a prisión permanente revisable por el brutal asesinato de su esposa embarazada y su hijo de siete años, enfrentó nuevamente a la justicia.
El fiscal, Antonio Aponte, no se anduvo con rodeos. Exigió que Khouch continúe en prisión mientras el Tribunal Superior de Justicia de les Illes Balears decide sobre el recurso presentado contra la sentencia dictada por la Audiencia. “Veinte años deben ser suficientes”, afirmó Aponte, subrayando que aunque su condena máxima es de 40 años, queremos asegurarnos de que este peligroso criminal no vuelva a ver la luz del día tan pronto.
Un crimen que dejó una familia destrozada
Khoud fue hallado culpable no solo por la muerte brutal de su mujer, Warda Ouchene, sino también por la desgarradora pérdida de su hijo no nacido. La jueza le impuso una condena adicional por maltrato habitual hacia Warda. Y como si esto fuera poco, deberá pagar casi 800.000 euros a los familiares de la víctima; un intento insuficiente para reparar el daño causado.
Los escalofriantes detalles del crimen son difíciles de olvidar. En aquella noche fatídica del 16 de mayo de 2021, una discusión se tornó mortal en su hogar en Sa Pobla. Con un cincel en mano y sin piedad alguna, atacó a Warda mientras estaba embarazada de 21 semanas. Pero eso no fue suficiente; después asfixió a su propio hijo, quien había sido testigo del horror.
Ali Khouch dejó todo atrás y se marchó en coche hasta Palma antes de confesar sus crímenes al día siguiente. Una historia desgarradora que nos recuerda cómo hay vidas marcadas para siempre por la violencia más incomprensible.