Este martes, la comunidad de las artes marciales en Palma se vistió de luto al conocer la triste noticia del fallecimiento de Alan Santos Da Conceiçao, un luchador querido y respetado que dejó su huella en cada rincón donde entrenó. A sus 53 años, Alan perdió la vida en Brasil debido a un paro cardíaco mientras estaba allí visitando a su familia. Un viaje que debería haber sido una celebración se tornó en dolor para sus seres queridos.
Padre de dos hijos nacidos en Mallorca, Alan era un apasionado del Wing Tsun, un arte marcial que le dio no solo habilidades de lucha, sino también un fuerte sentido de comunidad. José Antonio Nieto, conocido como ‘Primo’, recuerda con cariño los inicios de Alan: «Empezó con nosotros en el año 2000 y se sacó el cinturón negro». Primo, quien fundó la disciplina Lu Wing Do, destaca cómo Alan siempre estaba dispuesto a ayudar y aprender más. «Era tan grande como su corazón», dice entre recuerdos nostálgicos.
Un hombre querido por todos
El brasileño no solo brillaba en el tatami; también fue controlador de acceso en numerosas discotecas a lo largo del Paseo Marítimo de Palma y otros puntos emblemáticos como Magaluf o s’Arenal. Era una figura familiar para muchos, no solo por su estatura —cerca de un metro noventa y unos 140 kilos— sino por esa calidez que irradiaba. Fabio Cruz Almaço, amigo cercano desde hace años, recuerda cómo llegó a Mallorca siendo apenas un adolescente hace cuatro décadas: «Era reservado pero muy querido tanto en las artes marciales como en la vida nocturna».
La pérdida ha dejado un vacío profundo. Los amigos han decidido crear un grupo de WhatsApp para ayudar a la familia con los gastos hospitalarios generados durante su estancia en Brasil. El recuerdo de Alan permanecerá vivo entre quienes tuvieron la suerte de conocerlo; todos coinciden: «Era una persona muy querida por todo el mundo que lo conoció». Su legado sigue vivo, recordándonos que detrás del atleta había un ser humano excepcional.