El ambiente en s’Arenal, ese rincón turístico de Llucmajor, se ha vuelto tenso. Tres vecinas se reunieron ayer con nosotros para expresar su indignación y preocupación por un problema que parece crecer como la espuma: la delincuencia. Desde robos descarados a ancianas hasta hurtos a menores, la sensación de inseguridad está presente en cada esquina.
Sonia, una de las vecinas afectadas, no puede ocultar su frustración. «En esta época del año siempre hay algún que otro robo, pero jamás habíamos sentido esta amenaza tan cerca», dice con voz temblorosa. Su marido fue víctima de un robo hace poco; mientras disfrutaba de su paseo diario, un chico le arrebató la cartera. Por suerte, gracias a la Guardia Civil, pudo recuperarla, pero ¿quién garantiza que esto no vuelva a suceder?
Un clamor colectivo por más vigilancia
Dolores también comparte su historia: «A una mujer le quitaron el bolso y a un niño el móvil. La gente está furiosa en redes sociales porque no hay suficiente presencia policial. Y cuando queremos poner una denuncia, tenemos que ir hasta Platja de Palma o Llucmajor». La impotencia se siente en sus palabras; parece que los vecinos están completamente abandonados.
Lo más alarmante es que todos estos episodios apuntan al mismo sospechoso. Las víctimas coinciden en describir al mismo hombre como autor de los delitos recurrentes en la zona. Es hora de que el ayuntamiento escuche este grito desesperado y refuerce la seguridad en un lugar donde debería primar la tranquilidad y no el miedo.