Finales de mayo de 1995. En la tranquila localidad de Sóller, un pescador llamado Fabián Vivas pierde la vida en una cueva conocida como ses Tres Creus. Lo que parecía ser un día más se convierte en un escándalo monumental cuando se revela que el fallecido pagaba a menores del pueblo para verlos desnudos. La indignación recorre las calles y, entre rumores y susurros, tres vecinos deciden hacer justicia por su propia mano. Pero lo que comenzó como una advertencia acaba siendo un desenlace mortal.
Un hallazgo macabro
El 28 de mayo, un vecino encuentra el cuerpo sin vida de Fabián, junto a su ciclomotor calcinado. Al llegar la Guardia Civil, se precinta la cueva mientras los investigadores empiezan a reconstruir lo ocurrido. La autopsia revela detalles escalofriantes: Fabián fue golpeado con saña antes de morir asfixiado por el humo del incendio que consumió su moto. ¡Qué ironía! Estaba inconsciente tras recibir los golpes y no pudo defenderse ante la brutalidad desatada.
Las pesquisas llevan a descubrir que Miquel E., un empresario local con quien Fabián había tenido roces, estaba detrás del ataque. Junto a él, su exmujer María Ángeles Z., quien había tenido una relación con ambos hombres, se convierte en pieza clave del rompecabezas. El cerco se estrecha rápidamente cuando se descubre que algunos menores también estaban involucrados en esta trama repugnante.
Todo apunta a que Miquel urdió una trampa utilizando a María Ángeles para atraer al pescador a la cueva. Mientras ella hacía tiempo con él sobre una roca, Miquel acechaba oculto, esperando su momento para atacar. Cuando finalmente aparece y comienza a golpearlo sin piedad mientras Fabián suplica por su vida, entra en escena ese misterioso ‘tercer hombre’, cuyo nombre nunca llegó a saberse pero cuya presencia resultó crucial.
El horror continúa cuando Miquel le pide a María Ángeles que vaya por la moto y luego le prende fuego justo al lado del cuerpo inerte de Fabián. La barbarie está completa; el hombre muere asfixiado mientras sus verdugos intentan cubrir sus huellas.
Miquel es condenado a seis años de cárcel y María Ángeles recibe cuatro años por complicidad en este acto brutal. Sin embargo, la sombra del ‘tercer hombre’ persiste en el aire como un fantasma aterrador al que nadie ha logrado dar nombre. ¿Quién fue realmente? La comunidad sigue preguntándose qué llevó a tan horrenda emboscada entre vecinos.