Pilar Álvarez lleva años lidiando con una auténtica pesadilla que parece no tener fin. Su vecina del piso de arriba, conocida por su actitud agresiva, ha convertido su hogar en un campo de batalla por dejar los grifos abiertos durante horas, creando estragos en su casa. «Ella dice que necesita ducharse, pero ¿cuántas horas son normales para eso?», se pregunta Pilar con frustración mientras señala las humedades que brotan en una de sus habitaciones.
Un problema sin solución
La situación ha llegado a un punto insostenible. «Siempre ha sido problemática y desde hace cuatro años estoy sufriendo sus abusos», lamenta Pilar, quien asegura no tener ningún tipo de relación con esta mujer. «Mis familiares me dicen que no me acerque a ella porque temen que pueda hacerme algo». Esta preocupación no es infundada; Pilar recuerda cómo hace unos meses la vecina agredió a una señora mayor, dejándola postrada en una silla de ruedas.
En medio de este caos, Pilar tuvo que improvisar soluciones para enfrentar la constante lluvia proveniente del piso superior. «He tenido que llenar una habitación entera con cajas y barreños para intentar contener el agua, pero sigue entrando por todos lados como si estuviera lloviendo», explica con resignación.
A pesar del miedo o respeto que muchos sienten hacia su vecina, Pilar es clara: “No tenemos miedo, solo respeto”. Sin embargo, esa actitud desafiante ha llevado a situaciones difíciles; incluso tuvo que pagar 300 euros para reparar daños causados por las filtraciones y ni siquiera pudieron acceder al piso para arreglarlo porque la mujer se negó a abrirles la puerta.
Y como si fuera poco, esta misma vecina ya ha sido denunciada varias veces por agredir a otras mujeres en el barrio. Laura Gómez, hija de dos víctimas de estas agresiones, comparte su indignación: «Mi abuela fue golpeada y ahora mi madre también lo ha sufrido. Nadie toma cartas en el asunto». La historia de Pilar es solo un reflejo más de la angustia y el sufrimiento que muchos viven debido al abuso sistemático de unos pocos.