El pasado sábado, en el polígono de Son Rossinyol, un grupo de doce jóvenes decidió organizar su propia fiesta al aire libre. Sin embargo, lo que empezó como una reunión entre amigos terminó llamando la atención de la Policía Local debido a un coche que parecía más bien una discoteca ambulante. Con 29 altavoces y un sonido estruendoso, el vehículo era imposible de ignorar.
Quejas vecinales y multas por doquier
A eso de las 21.45 horas, tras recibir varias quejas por el ruido insoportable, una patrulla del Grupo de Acción Preventiva (GAP) se trasladó a la carretera de Sóller. Al llegar, los agentes se encontraron con la escena: alcohol por todas partes y música rebotando en cada rincón gracias a ese monstruo sonoro sobre ruedas. No es sorpresa que esto generara incomodidad en los vecinos.
Finalmente, los policías decidieron poner fin a la juerga y denunciaron a los presentes por infringir la Ordenanza reguladora del uso cívico de los espacios públicos. Ahora estos chicos no solo tendrán que recordar esta noche como una anécdota divertida; también podrían enfrentarse a multas que rondan los 750 euros. Al disolverse el botellón, poco a poco la normalidad volvió a reinar en la zona. Pero queda claro: las fiestas deben ser disfrutadas con responsabilidad y respeto hacia quienes nos rodean.