En una soleada tarde de febrero, un joven boliviano de 27 años fue pillado in fraganti mientras daba rienda suelta a su creatividad en la fachada de un edificio en la calle Pare Jeroni Boscana, cerca del torrente de na Bàrbara. Eran alrededor de las 14.00 horas cuando los agentes de la Policía Local del Distrito Este notaron al chico con un spray en mano, dando vida a sus ideas sobre la fría pared.
¿Arte o vandalismo?
Los policías no tardaron en actuar. Se acercaron y lo identificaron, mientras el joven continuaba con su obra, ajeno a lo que se avecinaba. En cuestión de minutos, se le informó que estaba infringiendo la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana por deslucir propiedades privadas en pleno espacio público. Y así, los botes de pintura que había utilizado fueron confiscados como prueba.
Esta acción podría costarle caro: las sanciones por este tipo de infracciones pueden ascender hasta los 600 euros. Sin embargo, el asunto no acaba aquí; el Grupo de Investigación de Denuncias ha decidido seguir indagando para ver si su estilo y firma coinciden con otras pintadas que han adornado (o ensuciado) las calles palmesanas.
En fin, ¿arte urbano o simple vandalismo? La línea es fina y cada vez más debatida entre vecinos y artistas locales. Mientras tanto, este joven seguramente habrá dejado más que una mancha de pintura en su camino: una reflexión sobre cómo vemos nuestras ciudades y qué consideramos arte.