El pasado domingo, el barrio del Secar de la Real se vio envuelto en una escena bastante inusual. Antonia, una mujer de 61 años, miraba con desesperación cómo las llamas devoraban su cochera, donde había montado una plantación de marihuana. Nerviosa y con el corazón en un puño, llevaba un jersey azul celeste que contrastaba con la angustia reflejada en su rostro. La frase ‘Comparte tu alegría’ en su camiseta parecía irónica ante tal situación.
La intervención policial y el destino de ‘Peque’
Con la angustia a flor de piel, Antonia se dirigió a los agentes del Grupo de Atención Ciudadana que llegaron al lugar: «Tengo que entrar a por mi perro». Su fiel compañero ‘Peque’, un mestizo inquieto, corría entre las piernas de todos mientras los bomberos luchaban contra el fuego. Sin embargo, uno de los policías le contestó: «El perro se tiene que quedar con otra persona. ¿Para qué quieres entrar en tu casa?»
Frustrada y sin poder contener su nerviosismo, Antonia insistía: «¡Yo he llamado por el fuego! No puedo dejarla así; ¡estoy muy nerviosa!» No era la primera vez que vivía una situación como esta. En 2022, ya había tenido un encuentro cercano con la policía cuando encontraron 400 plantas en su hogar.
Su pareja observaba desde lejos, apoyado contra una pared y sin atreverse a hablar mientras los agentes les pedían que lo acompañaran al coche por tráfico de drogas. Mientras tanto, ‘Peque’ seguía agitado y reacio a dejarse llevar por nadie.
Afortunadamente, apareció una hermana de Antonia que tomó las riendas del asunto. Conmovida por el espectáculo del arresto familiar y consciente del desasosiego del perro, decidió hacerse cargo del pequeño canino utilizando un cordón policial como correa para pasearlo hasta su casa cercana.
Al final del día, no solo hubo llamas y caos; también quedó la vivienda precintada tras ser devorada por el fuego debido a problemas eléctricos. Y así fue como 125 plantas fueron retiradas cuidadosamente en un carrito rojo mientras una familia lidiaba con las consecuencias más allá del humo.