En un tranquilo rincón de sa Pobla, donde las calles suelen ser escenario de risas y charlas vecinales, se vivió una escena que pocos podrían imaginar. Todo comenzó cuando un hombre, en plena ira, decidió golpear a su hermano con un martillo, acusándolo de haberle robado dinero a su madre. La historia es más compleja de lo que parece y refleja tensiones familiares que nos tocan a todos.
Una disputa que escaló
La víctima, un hombre de 54 años que vive con su madre en el número 198 de la calle Gran, había acogido en su hogar a dos amigos sin consultar previamente a la mujer. Esto no sentó nada bien al agresor, de 43 años, quien llegó el domingo pasadas las dos y media de la tarde para enfrentar esta situación. La discusión estalló en la cocina; allí, entre gritos y reproches, se intercambiaron golpes. Al parecer, el hermano menor reaccionó ante una sartén voladora y corrió hacia su empresa de pinturas justo enfrente para agarrar el martillo.
Lo que sucedió después fue horrendo: golpe tras golpe en la cabeza del hermano mayor mientras las emociones desbordaban cualquier control. Consciente del grave error cometido, el agresor no tardó en llamar a emergencias. Cuando llegaron los agentes locales, él mismo confesó entre lágrimas: «La he liado». Esas palabras resonaron como un eco triste en medio del caos familiar.
A pesar de recibir atención médica inmediata por un traumatismo craneoencefálico grave, la situación para la víctima es crítica; ahora está ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Son Espases. Mientras tanto, la Guardia Civil ha detenido al agresor y se ha hecho cargo del caso. La Policía Judicial ya realizó una inspección ocular y encontró el martillo utilizado durante este trágico episodio.
Parece que el destino ha puesto a estos hermanos ante una prueba difícil e inesperada; uno luchando por su vida y otro enfrentando las consecuencias legales por lo ocurrido. En breve pasará ante el juez acusado de intento de homicidio. Una historia desgarradora que nos recuerda cómo los problemas familiares pueden llevarnos al límite.