La historia de Miquel Deyà Ripoll, el padre del administrador del aparthotel okupado de Cala Bona, ha dado un giro inesperado. La Audiencia Provincial de Palma le ha absuelto de haber estafado medio millón de euros a un amigo y empresario durante años. Una cifra que no se toma a la ligera, y menos cuando la Fiscalía y la acusación particular pedían nada menos que seis años tras las rejas.
El juicio y las verdades a medias
Durante el juicio, celebrado hace unas semanas, Miquel se defendió con uñas y dientes. Aseguró que gran parte de lo que debía había sido condonado verbalmente, alegando que todo esto surgía tras una mediación fallida para gestionar un hotel. “Él no cumplió su palabra”, sentenció. Al final, solo admitió deber unos 119.000 euros pero se mostró dispuesto a pagar si no hubiera interpuesto una demanda en 2016.
El tribunal apuntó que la falta de claridad sobre cuándo surgió realmente la deuda complicaba establecer cualquier intención criminal. Mientras tanto, los plazos señalados por la Fiscalía abarcaban desde 1998 hasta 2014, y lo cierto es que el único testigo capaz de contradecir al acusado era la víctima principal… quien por su edad no recordaba nada relevante.
No obstante, sí tuvo voz el yerno del demandante, director general desde 2014, quien reveló haber encontrado numerosos pagarés impagados por Deyà poco después de asumir su puesto. Las juezas reconocieron sin dudarlo que existieron relaciones comerciales entre ambos con sumas elevadas en juego; sin embargo, indicaron que esos pagarés guardados en un cajón “no demuestran” una verdadera deuda.
Aunque la sentencia es favorable para Deyà ahora mismo, cabe recordar que aún puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de les Illes Balears. Este caso ha dejado a más de uno con ganas de comentar y especular sobre lo ocurrido; una historia llena de giros inesperados que aún tiene mucho camino por recorrer.