Victoria, una joven española que se lanzó a la aventura del Erasmus en Coimbra, Portugal, no ha tenido la experiencia que soñaba. Desde el principio, ella tenía dudas sobre este viaje. «Cuando vine en septiembre con mis padres, no estaba tan emocionada como cuando me fui a Estados Unidos», confesó en un vídeo de TikTok que rápidamente se volvió viral.
Su historia comenzó a complicarse al conocer a una chica cuyo ritmo de vida era totalmente diferente al suyo. «Me estaba obligando a salir todos los días», dijo Victoria, visiblemente agobiada por las expectativas sociales del programa. Para ella, esto significaba sacrificar su salud y bienestar: «Yo me canso mucho y no puedo estar fuera todo el tiempo». Así que decidió distanciarse.
Un dilema emocional en tierras lejanas
A lo largo de su estancia, Victoria sintió que había perdido su esencia. Contaba los días para regresar a casa y lidiaba con problemas personales y familiares que intensificaban su malestar. «Cuando te pasa algo familiar estando lejos, solo deseas estar cerca de ellos», explicó con tristeza. Este sentimiento fue fuerte hasta el punto de preguntarse si había cometido un error al embarcarse en esta aventura.
El miedo a perderse experiencias increíbles, conocido entre los jóvenes como FOMO (Fear of Missing Out), pesaba sobre sus decisiones: «El problema era yo. No estaba feliz». A pesar de todo esto, Victoria no está sola; muchos otros estudiantes se identificaron con su situación y le dejaron mensajes alentadores tras ver su vídeo. Comentarios como «Esto es muy común» o «Coimbra es increíble; entiendo perfectamente cómo te sientes» resonaron con ella.
Así es como la experiencia Erasmus puede convertirse en un desafío personal más allá del aprendizaje académico: mientras unos disfrutan sin parar de fiestas y encuentros sociales, otros sienten la presión y el desasosiego en cada rincón nuevo.

