Imagina un día soleado en Buenos Aires, donde el aire se llena de una melodía inconfundible: ladridos. Sí, más de 2.300 golden retrievers se congregaron en los Bosques de Palermo, transformando este vasto parque en un auténtico mar dorado de pelaje y alegría.
La escena era simplemente surrealista. Dueños con ropa manchada de babas y cubiertos de pelo disfrutaban del momento, sentados sobre mantas junto a sus adorados goldens. Niños que reían a carcajadas mientras acariciaban a cada perro que se acercaba, familias posando para selfies que capturaban la felicidad pura de este encuentro. Entre mate y charlas sobre las curiosidades de la raza, como su habilidad para detectar problemas médicos, el ambiente era festivo y cargado de emociones.
Un evento histórico
Nicolás Orellana, un joven emocionado que recorrió una hora y media desde su ciudad natal solo para asistir al evento, lo describió así: «Desde chicos nos acompañaron en la familia en todo momento». Su leal compañera Luna, una perra de 13 años, no podía faltar. La conexión entre humanos y perros era palpable; esos animales son conocidos por crear vínculos especiales.
A medida que los voluntarios contaban a cada uno de estos maravillosos perros dorados, Fausto Duperre, el organizador del evento y amante declarado de los golden retrievers, anunció con entusiasmo que habían logrado batir el récord anterior establecido en Vancouver: 2.397 goldens reunidos bajo el mismo cielo.
Duperre no pudo contener su emoción al expresar lo increíble que fue este acontecimiento: «Es un evento histórico», decía con una sonrisa enorme mientras recordaba las travesuras junto a su perro Oli. Sin embargo, la idea de tomarse una foto grupal se desvaneció rápidamente cuando quedó claro que ni dueños ni perros estaban dispuestos a separarse ni un segundo.
A pesar del temor inicial al caos total del evento —que muchos anticipaban— resultó ser un encuentro encantador y armonioso. Elena Deleo compartió su alivio mientras acariciaba a su perra Angie: «Son muy cariñosos; es una linda experiencia». Con cada ladrido resonando por todo el parque, quedó claro que estos perros no solo rompen récords; también rompen corazones.

