Imagina esto: una joven que, con más de 26.000 seguidores en Instagram, se presenta en los mejores restaurantes de Nueva York para disfrutar de lujosas comidas sin soltar un céntimo. Así es como Pei-Yun Chung, una influencer gastronómica, lograba hacer su agosto a costa de establecimientos reconocidos.
Su truco era simple pero audaz: ofrecía promocionar los restaurantes en sus redes sociales a cambio de la comida. Sin embargo, cuando llegaba el momento de pagar, ¡sorpresa! Se negaba rotundamente. Esto le permitió comer en sitios tan renombrados como Francie y Peter Luger, mientras lucía marcas caras como Prada o Louis Vuitton. Pero lo cierto es que su fama no era tan sólida como pensaba; su presencia online apenas generaba repercusión.
Una estrategia que terminó mal
A pesar de su escasa influencia real, logró entrar a algunos de los lugares más exclusivos de la Gran Manzana. En una ocasión particular, el dueño del restaurante Montorio compartió cómo ella estuvo más de cuatro horas comiendo antes de que su tarjeta fuera rechazada. Fue entonces cuando decidió ofrecer un ‘intercambio’ para evitar el pago.
No obstante, esta historia ha tomado un giro inesperado. Tras acumular varias cuentas impagas, Pei-Yun fue finalmente detenida y llevada a Rikers Island por estafar a varios negocios. En una reciente audiencia judicial, ella no estuvo presente; solo apareció su representante legal quien alegó que tiene “dificultades para comprender” las acusaciones en su contra.
Pero eso no es todo; además enfrenta problemas con el alquiler de su piso en Williamsburg donde debe más de 40.000 dólares y está al borde del desalojo. Los abogados han guardado silencio ante esta situación complicada que claramente va más allá del uso irresponsable de las redes sociales.

