Anna Possi, conocida cariñosamente como Nonna Anna, es una mujer excepcional. Con sus 100 años, sigue levantándose cada día para abrir las puertas de su amado Bar Centrale en Nebbiuno, al norte de Italia. Desde hace 65 años, este rincón ha sido su vida, un lugar donde comparte sonrisas y café con los vecinos desde las siete de la mañana hasta bien entrada la noche, incluso en fines de semana y festivos.
Más que un trabajo, una pasión
La historia de Anna es inspiradora. “¿Por qué iba a dejarlo?”, se pregunta con esa sabiduría que solo da el tiempo. Para ella, su bar no es solo un trabajo; es el corazón de su existencia. “La gente quiere tomar café incluso en Navidad”, dice con una chispa en los ojos que refleja su amor por lo que hace.
A través de un vídeo que ha dado la vuelta a las redes sociales, comparte cómo valora estar rodeada de personas: “Estoy entretenida y me siento bien”. Sin embargo, también siente nostalgia por tiempos pasados, cuando el bullicio del bar se llenaba de risas y conversaciones cara a cara; ahora parece que todos están más pendientes de sus móviles.
Con respecto al futuro del Bar Centrale, Anna tiene claro lo que pasará: “Cuando yo me vaya, mi bar también se irá”. Y aunque muchos pensarían que a su edad debería estar disfrutando del descanso, ella asegura estar fuerte tanto física como mentalmente: “Mi cabeza sigue sana y mis huesos también”. Además, destaca algo fundamental: aunque no gana mucho dinero con su negocio, no necesita grandes lujos para vivir feliz.