En las ferias, esos lugares llenos de luces y risas, uno de los clásicos que nunca falta son los puestos de tiro de anillas. Con esa apariencia sencilla y premios irresistibles, muchos se lanzan a probar suerte con la esperanza de impresionar a sus amigos. Pero aquí está el truco: aunque parezca fácil, en realidad, es un juego difícil y muchas veces injusto, ya que muchos de estos puestos están trucados para asegurar que el feriante siempre gane.
Un joven ingeniero contra el sistema
Pero un joven ha decidido decir basta. Tras una frustrante visita a la feria con un amigo, donde cada intento parecía un fiasco, decidió poner en práctica sus conocimientos tecnológicos. Así nació su invento estrella: la pistola de aros. ¿Y cómo funciona? Es sencillo; utiliza un puntero láser para marcar el objetivo y una goma para lanzar las anillas con precisión milimétrica. ¡Así es como se hace!
Cualquiera pensaría que su idea quedaría ahí, pero no. Decidió llevar su creación a un puesto real y probarlo en acción. Y vaya si funcionó: sin esfuerzo alguno, cada vez que apretaban el gatillo, lograban atrapar premios como si fueran caramelos. Lo mejor del asunto es que no solo los creadores podían ganar; hasta los niños del lugar disfrutaron del éxito rotundo mientras miraban al feriante con cara de sorpresa e incomodidad.