Hay momentos en los que el arte se convierte en un arma de doble filo. Y eso es exactamente lo que le ha pasado a Marco Evaristti, un artista chileno cuyas intenciones han sido malinterpretadas o, mejor dicho, mal recibidas por muchos. Todo comenzó con su nueva exposición titulada “¿Y ahora te importa?”, donde buscaba hacer una denuncia sobre el trato a los animales. Sin embargo, su planteamiento ha desatado una oleada de críticas.
Imaginemos la escena: un antiguo almacén de carnicería en el Meatpacking District de Copenhague, donde tres pequeños lechones iban a ser encerrados en una jaula improvisada hecha con dos carros de compra. Rodeados por cuadros impactantes de cerdos sacrificados y la bandera danesa, Evaristti pretendía dejarlos allí, con agua pero sin comida, hasta que murieran. Su objetivo era provocar un debate sobre el bienestar animal frente a las prácticas de la industria cárnica.
El choque entre intención y realidad
“Quiero despertar a la sociedad danesa”, declaraba Marco, recordando que cada año mueren decenas de miles de cerdos en condiciones deplorables solo en su país. Pero aquí es donde todo se complica: ¿es realmente necesario llevar una protesta al extremo para llamar la atención? Muchos activistas no tardaron en reaccionar ante esta performance arriesgada.
Apenas un día después del inicio de la exposición, unos valientes activistas decidieron intervenir y rescatar a los lechones mientras las puertas del evento estaban cerradas. Gitte Buchhave, directora danesa de World Animal Protections, expresó claramente su postura: “Entendemos las intenciones detrás del arte de Marco Evaristti, pero no es aceptable protestar contra una forma de crueldad animal cometiendo otra”. Aquí queda claro que hay límites que no deben cruzarse para hacer llegar un mensaje.
A veces nos preguntamos si el fin justifica los medios; quizás este caso sea una lección sobre cómo articular nuestra voz sin caer en la trampa del sufrimiento innecesario. La lucha por mejorar las condiciones de vida de los animales sigue siendo vital, pero siempre desde el respeto y la empatía hacia todas las criaturas.