Imagina la escena: una mujer entra a un bar, pide un café con leche y se sienta a trabajar tranquilamente durante horas. ¿Qué tiene de malo, verdad? Pues bien, su tranquila jornada se tornó en un verdadero lío cuando, al pedir la cuenta, encontró algo que jamás esperó. El ticket no solo incluía su café, sino que también le añadieron una sorprendente tarifa de cinco euros por servicio de luz y wifi.
Esto ha despertado un revuelo entre los usuarios de las redes sociales. La historia fue compartida por ‘Soy Camarero’, un tuitero que suele contar anécdotas del sector hostelero. Y claro, la gente no tardó en reaccionar. Comentarios como “¿De verdad le han cobrado eso? Es una canallada” o “No creo que vuelva nunca más” comenzaron a llenar el hilo.
Un debate sobre el uso del espacio público
No es la primera vez que escuchamos sobre cafeterías que parecen tener miedo a los trabajadores remotos. Muchos locales están poniendo límites al uso de sus mesas, buscando siempre esa rotación rápida para maximizar ganancias. Pero ¿hasta dónde llega este afán? Está claro que muchos optan por instalarse con sus portátiles en estos lugares para avanzar proyectos o estudiar con solo una bebida.
A esta mujer no le quedó más remedio que llevarse una mala experiencia y unos comentarios ácidos sobre lo absurdo de ser cobrados por conectarse a internet. La sensación es clara: la comunidad está cansada. A veces parece que se olvida el espíritu acogedor de los bares y cafeterías. El debate está servido: ¿es justo cobrar por lo que debería ser parte del servicio?