Imagina volver a casa después de un día largo de trabajo y, de repente, toparte con algo que parece sacado de un cuento. Eso le ocurrió a Carolyn, una mujer de Carolina del Norte, cuando transitaba por una carretera nevada y vio ante sus ojos a un ciervo albino salvaje. «Compartí un momento mágico con esta linda criatura mientras regresaba a casa», comentaba emocionada junto a unas fotos donde se aprecia al ciervo, completamente blanco y con un pelaje que recuerda a la misma nieve.
La rareza en estado puro
Este joven cérvido, aún sin astas, es tan especial que la Comisión de Recursos de Vida Silvestre de Carolina del Norte estima que hay solo uno por cada 30.000 ciervos. En su primer vistazo, Carolyn lo vio solitario, pero no pasó mucho tiempo antes de que el ciervo comenzara a correr colina arriba junto a tres compañeros más normales, esos con pelajes marrón grisáceo que tanto abundan.
Aunque todos se fijaron en su blanco radiante, había algo más: las marcas en el interior de sus patas. Algunos pensaron erróneamente que era una herida. Sin embargo, eso no era más que una glándula metatarsal típica en los venados de cola blanca norteamericanos; una especie de sello personal para identificarse por el olor entre ellos.