La misión Artemis II de la NASA está viviendo días difíciles, y todo por un pequeño pero problemático inodoro. Imagínate estar en el espacio, disfrutando de la vista de la Luna, y tener que lidiar con un retrete que no deja de dar problemas. Esto es precisamente lo que le está ocurriendo a la tripulación de la nave Orion.
Un viaje lleno de sorpresas
Desde el mismo despegue, los astronautas se dieron cuenta de que algo no iba bien cuando apareció una luz de advertencia intermitente relacionada con el inodoro. Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA, explicó en una rueda de prensa que había un “inconveniente en el controlador” del sistema sanitario. Para colmo, fue la astronauta Christina Koch quien tuvo que hacer malabares junto a ingenieros desde tierra para intentar arreglarlo.
A pesar del esfuerzo inicial, las cosas no mejoraron. Resulta que las bajas temperaturas del espacio estaban congelando la orina dentro del tanque conectado al exterior. ¿Y qué hicieron? La tripulación decidió colocar la cápsula bajo los rayos del sol con la esperanza de descongelar el líquido y liberar un poco ese atolladero. Pero nada; hasta eso salió mal porque el sol no hizo su trabajo como se esperaba.
Ahora, los valientes astronautas tienen que cargar con bolsas llenas de orina hasta regresar a casa. En una transmisión reciente desde Houston, Jenny Gibbons advirtió a todos: “No usen el retrete. Utilicen los urinarios plegables”. Una recomendación directa ante lo inevitable: ¡el inodoro espacial estaba fallando!
A raíz del caos generado por este problema higiénico, también han tenido que recurrir a dispositivos alternativos para lidiar con esos olores extraños a “calentador quemado”. ¿Qué más se puede hacer en estas circunstancias? En otra rueda de prensa informativa, Debbie Korth aseguró que estos contratiempos son comunes en misiones espaciales y señaló: “Los retretes siempre son un desafío”. Y es cierto; incluso hoy en día seguimos encontrando dificultades para gestionar lo básico entre estrellas.
El sistema del inodoro Orion es novedoso y diferente al utilizado por las naves Apolo antiguas: ahora hay mangueras y embudos conectados por succión para atraer la orina hacia un tanque; aunque parece más avanzado, las complicaciones están a la orden del día. Al final del día, ser astronauta implica enfrentarse a retos imprevistos mientras navegamos por los caminos estelares.

