La NASA ha dado un paso al frente y ha admitido que el primer vuelo tripulado del Starliner de Boeing casi se convierte en una tragedia. Clasificado como un incidente grave de Tipo A, este episodio nos recuerda lo frágil que puede ser la aventura espacial. En pleno acoplamiento con la Estación Espacial Internacional, los astronautas se enfrentaron a fallos críticos en los propulsores y fugas de helio. Un recordatorio claro de que, a veces, las cosas no salen como deberían.
Un vuelo lleno de obstáculos
El viaje, realizado el 5 de junio de 2024 con los valientes Butch Wilmore y Suni Williams a bordo, tenía como objetivo validar la cápsula como un segundo medio estadounidense para transportar astronautas. Sin embargo, durante la maniobra crítica hacia la ISS, todo se complicó. Los problemas en el módulo de servicio comenzaron a multiplicarse: desde fallos en los propulsores hasta pérdidas alarmantes en el sistema de presurización.
A pesar de contar con sistemas redundantes que evitaron lo peor, el informe final revela que la situación fue más delicada de lo que se había comunicado inicialmente. Hubo momentos en los que todo pudo haberse convertido en un verdadero caos. Ante esta incertidumbre sobre la fiabilidad del sistema para regresar a casa, la NASA tomó una decisión drástica: los astronautas no volverían a bordo del Starliner.
Finalmente, la cápsula aterrizó vacía el 6 de septiembre en Nuevo México. Mientras tanto, Wilmore y Williams tuvieron que esperar meses más antes de poder regresar sanos y salvos a la Tierra gracias a otra nave Crew Dragon.
No solo fallaron los sistemas técnicos; también hubo errores humanos en la gestión del incidente. La NASA ha reconocido sus propios tropiezos al no clasificar correctamente el riesgo inicial. Este tipo de transparencia es crucial cuando se trata de algo tan serio como poner vidas humanas en juego.
Desde 2019, el programa Starliner ha estado plagado de contratiempos y sobrecostes millonarios para corregir errores técnicos. Para la agencia espacial es vital contar con múltiples proveedores para asegurar su estrategia y no depender exclusivamente de SpaceX.
A medida que miramos hacia el futuro, queda claro que Boeing deberá trabajar duro para corregir todos estos problemas antes de considerar otro vuelo tripulado. La seguridad es lo primero y cada lección aprendida cuenta.

