Tecnología y Videojuegos

La fábrica de LEGO en Billund: un viaje a la producción de sueños

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Hoy celebramos un hito curioso: se cumplen 68 años desde que se patentó el ladrillo de LEGO tal y como lo conocemos. Y para entender la magia detrás de esas piezas que han llenado nuestras infancias, me aventuré a visitar la fábrica ubicada en Billund, un pequeño pueblo danés donde todo comenzó.

De madera a plástico: la evolución de un sueño

Billund no es solo un lugar; es el hogar del fundador Ole Kirk Christiansen, quien llegó aquí hace más de un siglo con una simple carpintería. La guerra hizo mella en su negocio, pero él, con esa astucia que le caracterizaba, encontró en los retazos de madera sobrante la chispa para crear juguetes. No fue fácil, pero sus yo-yos pronto fueron la sensación entre los niños del pueblo. Sin embargo, el éxito le trajo una pequeña trampa: vendió tantos que pronto ya no había demanda local. Entonces, ¡pum!, encontró una solución ingeniosa: dividió aquellos yo-yos y los transformó en ruedas de carro.

Pero lo verdaderamente revolucionario llegó el 28 de enero de 1958. Ese día, Godtfred Kirk Christiansen, uno de los hijos de Ole, decidió dar un giro radical al negocio familiar. En lugar de seguir produciendo juguetes aleatorios, se centró en las fichas encajables, creando así una plataforma para dejar volar la imaginación. Fue entonces cuando se desarrolló el sistema perfecto que hoy permite combinar ladrillos infinitamente; ese famoso clic que todos reconocemos.

En mi visita a la planta actual encontré algo fascinante: 600 máquinas funcionando a toda máquina, produciendo entre 1 y 210 piezas cada 30 segundos. Así es como Billund genera alrededor de 330 millones de piezas al año, una cifra increíble considerando que están distribuidas por todo el mundo y son parte del juego en cientos de millones de hogares.

Aquí cada pieza tiene su historia; desde los pequeños studs hasta bloques DUPLO pensados para nuestros más peques. Lo curioso es cómo LEGO ha perfeccionado su proceso a lo largo del tiempo; esos moldes tan valiosos (¡hasta 70.000 euros!) son realmente tesoros tecnológicos guardados celosamente.

A medida que avanzamos hacia tiempos más sostenibles, LEGO también se adapta. La compañía está experimentando con nuevos materiales menos perjudiciales para nuestro planeta; prueba de ello son las salas especiales donde están trabajando con opciones más ecológicas para sus icónicas piezas.

Pese a todos estos avances técnicos y cambios necesarios por la situación ambiental actual, hay algo eterno sobre los ladrillos LEGO: nunca se tiran ni se olvidan. Se heredan y viven nuevas aventuras generación tras generación. En esta paradoja moderna reside la esencia del producto: aunque el mundo cambia y evoluciona constantemente, esos pequeños ladrillos siguen siendo fieles a su misión original: jugar bien.

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