Hoy es un día que quedará grabado en la memoria de muchos. Alberto Gutiérrez, el fundador de Civitatis, se convierte en el cuarto español en romper las barreras de la atmósfera gracias a un vuelo suborbital organizado por Blue Origin. Este no es solo un viaje; es una experiencia que nos hace reflexionar sobre lo lejos que ha llegado la humanidad.
De CEO a viajero cósmico
El turismo espacial ya no es ciencia ficción. Con Blue Origin, propiedad del magnate Jeff Bezos, los sueños de tocar el espacio están más cerca que nunca. El cohete New Shepard lleva a civiles a altitudes superiores a 100 kilómetros, donde podrán disfrutar de unas vistas que dejarían sin aliento a cualquiera. En menos de diez minutos, Gutiérrez vivirá una montaña rusa emocional: fuerzas G intensas, ingravidez y esa mirada única hacia la curvatura de nuestro planeta.
Acompañado por otros pioneros del cielo, como Pedro Duque o Jesús Calleja, Gutiérrez se une a un club exclusivo y selecto. ¿Qué se siente ser uno de los pocos españoles en mirar la Tierra desde ese ángulo? La respuesta está más allá del silencio cósmico.
El despegue ocurre en el espaciopuerto Launch Site One, ubicado en Texas, donde el cohete arranca con toda su fuerza. Al superar Mach 3, los pasajeros deben estar bien sujetos mientras sienten cómo sus cuerpos son empujados hacia atrás por la aceleración. Es un momento lleno de adrenalina e incertidumbre que marca el inicio de su viaje estelar.
Una vez alcanzada la altitud crítica y separados del propulsor principal, comienza la magia: ¡microgravedad! Durante unos minutos preciosos, los viajeros flotan como si fueran plumas en el aire. A través de ventanales panorámicos pueden admirar ese profundo negro del espacio y ver cómo nuestro hogar azul brilla desde lejos.
No obstante, todo viaje tiene su final y tras experimentar esos momentos inolvidables llega la hora del descenso. La cápsula desciende suavemente gracias a paracaídas diseñados para ello hasta tocar tierra firme nuevamente. Aunque solo han pasado entre 10 y 12 minutos desde el despegue, lo vivido queda grabado para siempre.
Este vuelo no busca innovar ni abrir nuevas rutas orbitales; su objetivo es simple pero poderoso: permitir que gente común tenga un vistazo al espacio exterior y sienta esa conexión especial con el universo. Una experiencia reservada durante décadas solo para astronautas profesionales ahora está al alcance de quienes sueñan con tocar las estrellas.

